Skip to main content

Full text of "La raza de Cain"

See other formats


LA RAZA DE CAIN 




Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social 



BIBLIOTECA ARTIGAS 

Art. 14 de la Ley de 10 de agosto de 1950 



COMISION EDITORA 

Prof. Juan E. Pivel Devoto 
Ministro de Instrucción Pública 

María Julia Akdao 

Directora interina del Museo Histórico Nacional 

Dionisio Trillo Pays 
Director de la Biblioteca Nacional 

Juan C Gómez Alzóla 
Director del Archivo General de la Nación 



Colección de Clásicos Uruguayos 
VoL 94 

Carlos Reyles 

LA RAZA DE CAIN 



Cuidado del texto a cargo de las señoritas 
Elisa Silva Cazet y María Angélica Lissardy 




CARLOS REYLES 



LA RAZA DE CAIN 



Prólogo de 

CARLOS MARTINEZ MORENO 



MONTEVIDEO 

1965 



PROLOGO 



En 1900, se publican Ariel de Rodó y La taza 
de Caín de Reyles. Estamos en los últimos días del 
siglo XIX y en el pórtico de la era novecentista, 
tan importante en la historia de nuestras letras. Zum 
Pelele 1 llama a Rodó "antípoda intelectual*' de 
Reyles: el ensayo idealista y la novela inspirada en 
el materialismo utilitarista, en la voluntad de domi- 
nación, en el triunfo de la riqueza, ven la luz el 
mismo año; y el propio Rodó, en artículo recogido 
en El mirador de Próspero, elogiará la obra de su 
compatriota y coetáneo. 3 

Desde las Academias ( 1896-98) a La raza de Caín 
(1900) se sitúa el centro de la etapa modernista 



1 Proceso intelectual del Uruguay y critica de su litera- 
tura 1* edición, tomo II, p. 288. Asimismo dirá (p. 283) 
que La muerte del cisne, de Reyles, aparecida en 1910, "acaba 
de definirse en nuestro escenario intelectual como la antítesis 
de Artel». 

* Reyles nació en 1868, Rodó en 1871. Es curioso que, 
a pesar de la precocidad literaria de Reyles (cuya primera 
novela, Por U vida , es de 1888) y de ser él anterior en tres 
años a Rodó, en la relación entre ambos Rodó asuma impon- 
derablemente la posición patrocinante del contemporáneo mayor, 
y Reyles (en una increíble carta escrita en español clásico y 
en otros textos) admita y fomente esa trasposición de edades. 
Rodríguez Monegal (José E. Rodó en el novecientos) allega 
una posible explicación genérica al decir que "desde el noble 
magisterio de Artel pretendió el joven crítico no sólo adoc- 
trinar a la «juventud de América* sino también a su propia 
generación". 



UX] 




PROLOGO 



en la producción de Carlos Reyles. Arturo Sergio 
Visca, muy recientemente , 3 ha sostenido que la obra 
de Reyles ''conserva huellas de la infiltración moder- 
nista” hasta el final, pero agrega en seguida que es 
el de Reyles "un modernismo atenuado”. (En El que 
vendrá. Rodó ya había dicho que en nuestro país 
"el modernismo apenas ha pasado de la superficia- 
lidad”). Afirma Visca que ''la aceptación del moder- 
nismo por parte de ambos autores (se refiere a Rodó 
y a Reyles) es moderada, cautelosa, restringida”. "Y 
no se trata — añade— de que carecieran del empuje 
intelectual y de la audacia de espíritu necesarios para 
aceptar lo que el modernismo tenía de estéticamente 
revolucionario, sino que sus cautelas nacían de la 
clarividencia intelectual. Ambos vieron lo que en el 
modernismo había de limitado, pasajero y negativo”. 
Sostiene que Reyles trasciende los cánones modernistas 
al postular "la novela como un modo de conoci- 
miento y abona su afirmación acerca de las reservas 
con que Reyles habría considerado al modernismo, 
recordando que en su segunda Academia , El extraño, 
el autor "sintió la necesidad de evitar equívocos” y 
suprimió la mención o el lema "Ensayos de Moder- 
nismo” que había acompañado a la primera de las 
Academias, Primitivo . 

El tema, ineludible en un estudio que pretendiera 
ser completo acerca de la novelística y la ensayístáca 
de Carlos Reyles, desbordaría los límites de este 
prólogo. 

Implicarla la discusión de si puede hablarse de 
escuela modernista o tan sólo de movimiento moder- 



‘ Prólogo a los Ensayos de Reyles, publicados en esta 
misma "Biblioteca Artigas".